¿Qué queda cuando el lenguaje colapsa?
¿Cómo se representa una emoción antes de que tenga nombre?
¿Y si esta obra no fuera una pieza plástica, sino un diario mudo de un cuerpo en recuperación?
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Jesús Lara Sotelo no trabaja con formas: trabaja con residuos sensibles. En esta pieza de 2009 —realizada en un año de inflexión brutal donde la sobriedad no fue una decisión moral, sino una condición de supervivencia—, el artista no pinta ni esculpe: codifica. A la manera de un Bach que compone para no enloquecer del todo, o de un Tarkovski que filma el alma a través del agua y las ruinas, Lara Sotelo construye un mapa sin destino, una partitura sin notas, un altar portátil para oficiar lo indecible.
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En Atlas, los fragmentos geométricos se suspenden en un plano blanco que no es fondo, sino umbral. Conos, cubos, mitades de luna, triángulos vaciados y círculos tachados de materia orgánica —musgo, tierra, restos— componen un sistema simbólico que parece más cercano a los glifos precolombinos o a los manuscritos gnósticos que a la escultura contemporánea.
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“No quería explicar nada”, —comenta el artista en una entrevista— “Solo necesitaba construir un espacio donde el caos pudiera respirar sin asfixiarme.”
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Lo que se ve no es decoración: es sintaxis afectiva. Una frase emocional escrita con los fragmentos de un yo que dejó de hablar para empezar a sentir. Cada forma es una letra que no pertenece a ningún alfabeto, cada sombra una pausa. La luz amarilla que emerge desde las ranuras sugiere un resplandor secreto, como si la obra aún estuviera latiendo desde dentro.
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Los teóricos dirían que hay aquí una estructura rizomática —Deleuze asiente desde lejos—. Los poetas, que se trata de una oración rota lanzada al vacío. Los místicos, que es un exvoto espacial. Pero el artista solo sonríe… “Yo no hice esta pieza para entenderla. La hice para no morirme.”
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Como en Paul Klee o en Miró, hay aquí una pulsión infantil sofisticada. Una arquitectura lúdica del trauma. La estética es contenida, casi quirúrgica, pero el contenido vibra con la violencia de lo que ha sido callado demasiado tiempo.
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Oración para una sintaxis rota (Poema inédito de Jesús Lara Sotelo)
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Aquí dibujé lo que no pude decirle al insomnio.
Aquí puse el musgo de mi infancia,
la geometría de mis miedos,
el silencio en forma de triángulo.
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No busques simetría:
esto es el mapa de un cuerpo
que no aprendió a despedirse.
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Cada forma sangra luz.
Cada hueco, una palabra que se ahogó
antes de aprender a nacer.
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Fragmentos de entrevista realizada a Jesús Lara Sotelo
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EAD: Esta obra parece un sistema visual, como un idioma. ¿Qué idioma habla?
JLS: Habla en mi idioma, pero yo aún no lo entiendo del todo. Tal vez se parezca más a un idioma de infancia… o de pérdida.
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EAD: ¿Por qué esos elementos orgánicos incrustados?
JLS: Porque necesitaba que la herida estuviera presente. La geometría sola me resultaba demasiado limpia. Le añadí cuerpo: tierra, restos, verdad.
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EAD: ¿Qué esperas que el espectador sienta?
JLS: Nada. O todo. Solo que no lo racionalice demasiado. Que se deje tocar.
Como en la música: las fugas de Bach, donde el orden nace del desorden.
En la danza: Pina Bausch y sus coreografías del alma fracturada.
En el cine: Nostalgia de Tarkovski, donde cada plano es una meditación sobre el tiempo detenido.
En la literatura: Clarice Lispector, cuando afirma que “lo que no se ve también arde”.
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Última pregunta para el visitante:
¿Y si no estás viendo una obra de arte, sino la radiografía emocional de un año en que alguien eligió no morirse?
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