Jesús Lara Sotelo: un cosmos impredecible. Por: Andrés Isaac Santana
Jesús Lara Sotelo es, sin lugar a dudas, una suerte de cosmos en el que se dan cita todas las extrañezas de este y de otros mundos.
Jesús Lara Sotelo es, sin lugar a dudas, una suerte de cosmos en el que se dan cita todas las extrañezas de este y de otros mundos.
No sé cuándo me di cuenta de lo ridículo que es seguir esperando. Quizá fue una noche cualquiera, viendo la pantalla del teléfono encenderse con notificaciones que no eran las que yo quería. Quizás fue al descubrirme mirando por la ventana como si de verdad alguien pudiera aparecer ahí, solo por el gusto de probar mi fe.
Me cuesta no comprar amor. Me cuesta no intentar regatearlo en las esquinas de las miradas ajenas, no prometer más de lo que tengo solo para que alguien finja que me quiere diez minutos más.
En Eros dislocado, Jesús Lara Sotelo nos propone un testimonio íntimo del deseo como fractura. Una metáfora material y espiritual de lo que significa amar y desear desde lo humano: con alas torcidas, con huecos por donde entra la luz y también el miedo.
En Atlas, los fragmentos geométricos se suspenden en un plano blanco que no es fondo, sino umbral. Conos, cubos, mitades de luna, triángulos vaciados y círculos tachados de materia orgánica componen un sistema simbólico que parece más cercano a los glifos precolombinos o a los manuscritos gnósticos que a la escultura contemporánea.
En la obra escultórica de Jesús Lara Sotelo, la materia no es pasiva. Es testigo. Es grito detenido. Es memoria con peso.