Jesús Lara Sotelo es un autor que se permite desestabilizar la realidad contemporánea, rechazando las formas tradicionales de participación social y buscando nuevas maneras de interpelar el pensamiento.
En este Quinto diálogo de su libro La Conspiración de los Tiempos, se mueve entre lo narrativo, lo poético y lo filosófico con la fluidez de quien ya no necesita fronteras. La escena —aparentemente fantástica— se transforma en un terreno sagrado donde la contemplación no es solo posible, sino inevitable.
El samurái Musashi, la danza de la geisha, el té humeante, la niebla y el artista afrodescendiente con un pincel en la mano no son personajes: son símbolos de una conversación mayor entre cuerpo, alma y arte.
Como en el Aleph de Borges, este fragmento no se limita a contar. Se abre como un umbral hacia lo inabarcable. El lector ya no está frente al texto, sino dentro de él, participando de un rito íntimo, donde la palabra se vuelve eco, sombra, filo y perfume.
Aquí, la poesía discute con la precisión. La espada con el trazo. Y el arte, con el alma.

QUINTO DIÁLOGO
(Fragmento)
Avancé hacia ellos, impulsado por una fuerza que no podía explicar. Cada paso resonaba como un latido en mi pecho. Al acercarme, Musashi hizo un gesto invitándome a sentarme junto a él.
—He recorrido largos caminos, tanto en el mundo físico como en el del espíritu, pero nunca imaginé encontrarle aquí —le dije, aún asombrado.
Él esbozó una ligera sonrisa.
—Los caminos del guerrero y del artista no son tan distintos. Ambos buscan la verdad más allá de las apariencias.
La geisha sirvió té en finas tazas de porcelana. El aroma del té era intenso, con notas que evocaban recuerdos olvidados y sueños no realizados.
—Cada trazo que das en tus lienzos es un reflejo de la batalla interna que libras —comentó Musashi—. Así como cada movimiento de mi espada es una extensión de mi espíritu.
Asentí, sintiendo una profunda conexión con sus palabras.
—En mi arte intento capturar lo intangible, lo que se escapa entre los dedos de la realidad. Pero siempre he sentido que me falta algo, una pieza clave en este rompecabezas infinito.
La geisha tomó asiento frente a nosotros y habló por primera vez. Su voz era suave, como el susurro del viento entre las hojas de los cerezos.
—La belleza reside tanto en lo que se muestra como en lo que se oculta. En la danza, en la pintura, en el combate, hay un espacio vacío que debe ser llenado por el espíritu.
Musashi añadió:
—Ese espacio vacío es donde reside la verdadera maestría. No en la técnica, sino en la comprensión de uno mismo y del universo. Es un espacio donde reside lo poético, la precisión con que se es capaz de apresar esa maestría.

Miyamoto Musashi: (Con tono firme) La poesía es una disciplina, como la espada. Debe ser directa y precisa. En mi tiempo, los haikus capturaban la esencia de un momento, una imagen clara. La poesía que no se enfoca es como una espada sin filo; inútil, confusa. Todo lo que no afila la mente o no enseña una lección, es un desperdicio.
Jesús Lara Sotelo: (Con una sonrisa serena) Musashi, respeto la precisión de su enfoque, pero la poesía es mucho más que una herramienta de enseñanza. No se trata solo de capturar imágenes, sino de explorar el misterio, de expresar lo que no se puede definir. Mi poesía busca romper los límites, explorar el yo y la sombra. La poesía es un espacio de libertad, no de restricciones.
Geisha: (Interviene con tono juguetón) Oh, qué interesante. ¿Entonces, Jesús-san, crees que las palabras pueden ser como el viento, que soplan sin dirección? Quizás la poesía sin disciplina es solo una excusa para hablar sin decir nada, ¿no crees?
Jesús Lara Sotelo: (Mirando a la geisha, con leve desconcierto) No se trata de hablar sin decir nada. La poesía debe palpitar en quien la lee, hacer que se cuestione a sí mismo. A veces, el sentido de la poesía no es inmediato, pero es en su ambigüedad donde yace su fuerza. No necesito que cada palabra tenga un propósito directo; la poesía también es un refugio para lo abstracto, para lo que escapa al entendimiento directo.
Miyamoto Musashi: (Levanta una ceja, interesado) Entiendo, Lara. Pero esa falta de dirección me parece peligrosa. En la batalla, y en la vida, se necesita un camino, una claridad de propósito. La poesía, en mi opinión, debe ser precisa como un golpe de espada. Las palabras deben golpear el centro, de otro modo, no dejan huella.
Geisha: (Con una sonrisa intrigante, se dirige a Musashi) Entonces, Musashi-san, ¿dirías que la poesía de Lara es como una espada de madera? Es bonita, pero inútil en una verdadera batalla. ¿Acaso puede el arte ser algo sin propósito y aún así tener valor?
Jesús Lara Sotelo: (Un poco a la defensiva) Ah, pero esa es la belleza de la poesía. No siempre necesita un propósito como lo entenderíamos en el combate o en la vida práctica. La poesía es una forma de liberar la mente, de desentrañar los misterios. Tal vez no apunte siempre a un objetivo fijo, pero puede abrir puertas en el alma que ni siquiera sabíamos que estaban allí. La verdadera poesía no teme la ambigüedad; la abraza.
Miyamoto Musashi: (Responde con calma, pero su tono es firme) Comprendo tus palabras, pero para mí, el valor de algo radica en su utilidad. En mi camino, la precisión, la claridad, y el propósito son esenciales. Sin ellos, uno se pierde en un mar de confusión. Es como si estuvieras luchando con la bruma, sin saber hacia dónde dirigir la espada. ¿No es acaso la poesía más valiosa cuando puede guiar al lector a una verdad concreta?

Geisha: (Riendo ligeramente) Entonces, ¿poesía para el alma o para la mente? Me parece que cada uno de ustedes está defendiendo su propia versión de la verdad. ¿No será que la poesía puede ser ambas cosas? Una hoja afilada para Musashi-san y un camino al alma para Jesús-san.
Jesús Lara Sotelo: (Con una sonrisa suave) Tienes razón. La poesía es un arte de múltiples facetas. A algunos les hablará de claridad, y a otros, de libertad. Pero, Musashi, diré que incluso en la bruma hay una belleza que enseña. Tal vez no en la dirección que esperaba, pero ahí yace el misterio, en el camino que se desvía y en el silencio que guía. En el arte, no todo debe ser explícito; también hay lugar para lo ambiguo, para lo que despierta nuevas preguntas.
Miyamoto Musashi: (Reflexiona por un momento) Entiendo, aunque no lo comparto plenamente. Quizá mi vida me ha enseñado a ver el arte de otra forma. He buscado la precisión, la verdad directa, y quizás, por eso, veo en tu poesía algo que me resulta desconcertante. Pero también veo tu convicción, y eso me hace respetarla. Tal vez, como en la espada, hay muchos caminos hacia la maestría.
Geisha: (Interviene de nuevo) ¡Ah, entonces la paz se restablece! Veo que la poesía de ambos se convierte en un terreno de respeto. Pero, díganme, ¿no sería hermoso si pudiéramos mezclar esa precisión de la espada con la libertad del alma? Tal vez de esa mezcla, salga un poema que pueda guiar y, al mismo tiempo, dejarnos soñar. ¿No sería eso la verdadera esencia de la poesía?
Jesús Lara Sotelo: (Sonríe) Tienes razón. Tal vez lo que necesitamos no es una definición, sino una integración. Un poema que pueda ser afilado y al mismo tiempo, libre. Un poema que tenga el peso de una espada y la ligereza de un susurro.
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