El arte contemporáneo ha adoptado formas diversas de representación sobre la temática del paisaje. Hallamos las más veristas, que reafirman por encima de cualquier otra consideración, la capacidad para registrar un mayor grado de semejanza a la realidad. Otras, más libérrimas, de una imaginación absolutamente abierta, sin limitaciones, que ofrece la posibilidad de extrapolarnos y dialogar sobre cuestiones individuales, sociales, culturales, de todo tipo.
Jesús Lara Sotelo (La Habana, 1972) es uno de esos rara avis del panorama del arte cubano contemporáneo, que enfrenta al misterio insondable de la creación paisajista obligándonos a repasar los límites canonizados de la historia del arte y al mismo tiempo, creando tantas modulaciones y trasgresiones como el propio género le permite.
La pieza Arrival (2023) forma parte de su más reciente serie de paisajes Arborescencias, la que dio título a la muestra personal que realizara en la Galería El reino de este mundo de la Biblioteca Nacional de Cuba. Junto a Arrival, una selección de paisajes, abstracciones, dibujos, xilografías, cerámicas y esculturas participaron del festejo por sus 35 años de vida artística.

Arrival. 2023. Óleo sobre lienzo.130 x 180cm
La estructura central de la obra es en forma de dron con múltiples hélices. Alrededor de ella, una vegetación exuberante con superficies cubiertas de musgos da la impresión de hallarnos en un bosque denso y hechizado. Predomina una fusión de elementos naturales con otros más surrealistas e ilusorios. En este caso podemos encontrar puntos de contacto con el británico Ian Miller (1946), quien es conocido por sus ilustraciones de ciencia ficción y fantasía. Miller incorpora toques surrealistas y fantásticos en sus paisajes. Es el caso de Arrival, que crea mundos que desafían la percepción de la realidad, y nos sumerge en la entelequia y la ensoñación futurista. Una ilustración de Ian Miller que podría compararse con Arrival es The City. La misma presenta una ciudad del futuro distópica, donde la arquitectura gótica y los elementos tecnológicos se fusionan para crear un paisaje urbano surrealista y apócrifo, una visión similar al dron de Lara Sotelo.
Ian Miller ha sido ilustrador de varias portadas de H.P. Lovecraft como las de “At the Mountains of Madness” y “The Haunter of the Dark”. Ambas presentan paisajes y estructuras que combinan elementos naturales con formas y figuras fantásticas y macabras. Estas obras evocan una atmósfera de misterio y pánico, típica de los relatos de Lovecraft.
Con este dron en medio de la salvaje naturaleza, Lara Sotelo crea una escena que desafía lo real y sugiere una narrativa ficticia, de cierto grado de terror y drama subyacente en lo referente a una extinción de la especie humana. Aunque su estilo es más colorido y orgánico, también emplea detalles minuciosos para crear una sensación de otros mundos poshumanos. La integración de la tecnología con lo vegetal en esta obra reciente añade una capa de surrealismo similar a la de Miller.
En comparación con los grandes maestros del género podemos acercar esta pieza de Lara Sotelo y otras de su producción paisajística a Caspar David Friedrich (1774–1840), pintor prerromántico conocido por sus paisajes que transmiten una profunda espiritualidad bajo un prisma de introspección. El ser humano es devorado por la fuerza de la naturaleza en sus cuadros, queda empequeñecido, otras veces ausente. Arrival alude a esa ausencia, casi no vemos la huella de la especie. Aunque las obras de Friedrich son más realistas, la atmósfera mística de las grandes luchas de la naturaleza con su peor enemigo, el hombre, acercan el enfoque de Sotelo.
En ese sentido, una obra que pudiéramos traer a colación es El mar de hielo (1823-1824). Esta pintura muestra un paisaje helado con una gran masa de ruinas de un barco atrapado en el hielo. La naturaleza ha reclamado un barco, mientras que, en la obra de Lara Sotelo, ha cubierto un dron con musgo, helechos y soledumbre. Las dos piezas transmiten un mensaje sobre la capacidad de la naturaleza para dominar y transformar todo a su alcance, sugiriendo una profunda reflexión sobre el nexo entre el hombre y su hábitat. Aunque Friedrich utiliza un estilo romántico y realista, y Lara Sotelo emplea una visión más surrealista y contemporánea, ambos artistas logran crear una atmósfera de misterio y contemplación de una extraña poética.

Boceto. Arrival. 2023. Carboncillo sobre lienzo. 130x180cm.
La figura del dron pudiera transmitir la visión de hongos y ojos mezclados con una cabina de avión, o una figura a punto de cobrar vida en el verdor de su follaje. En ese sentido podríamos relacionarlo con algunas creaciones de Salvador Dalí, quien es más conocido por su surrealismo, pero también creó paisajes que combinaban elementos realistas con fantásticos, lo real y lo hipotético para crear ambientes que desafiaron el discernimiento. Una obra del pintor español que podría semejarse a la pieza de Jesús Lara Sotelo es Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar (1944). Esta pintura presenta elementos fantasmagóricos, combinando figuras de corte realistas con un entorno onírico y extraño, similar a cómo Lara Sotelo fusiona lo tecnológico y lo natural en Arrival, que destaca por combinar elementos naturales con elementos surreales creando escenografías que no solo representan el entorno, sino que describen, narran una historia y evocan conmoción, asombro y arcano. Esta fusión de lo real y lo imaginario lo coloca en una posición notable tanto entre sus contemporáneos como en relación a los grandes maestros del género.
A lo largo de su carrera, el paisaje de Lara Sotelo ha evolucionado desde la representación pura de la naturaleza a una exploración más compleja de la relación entre el ser humano y su entorno. Su técnica ha pasado de un realismo detallado a un estilo más experimental y conceptual desde el uso del óleo, pasta de acrílico, carboncillo a la incorporación de materiales menos tradicionales como el impermeabilizante y la arena.

Detalle. Arrival. 2023. Óleo sobre lienzo. 130x180cm.
Las rutas interpretativas se han desdoblado considerablemente, de una simple apreciación de la belleza natural a una reflexión profunda sobre el impacto humano en lo natural y la posibilidad de una coexistencia armoniosa.
Curiosamente, luego de un largo resentimiento y una actitud desdeñosa hacia el género, propia de su juventud, Sotelo aseguraba que, habiendo sido un tema tan recurrente en la historia, el paisaje ya estaba vacío de contenido. No quería pintar sobre lo ya pintado. Sobre todo, su procedencia no era rural, y tampoco académica. El esfuerzo tenía que desdoblarse aún más. Entonces buscó sus propios recursos nutriéndose de las referencias en los árboles en la ciudad, los cromatismos, las cortezas, las proporciones. Recolectaba hojas, y como ya había estudiado en la Biblioteca Nacional el Tratado de Pintura de Leonardo Da Vinci, entendía sus matices y colores, las tonalidades de las hojas pulidas, las opacas, el crecimiento de las ramas, la filtración de la luz, las copas de los árboles y los efectos del follaje. Creó a tientas su propia espátula asemejándola a un instrumento parecido a una cuchara de albañil con el que hizo su primer paisaje.
Estas primeras incursiones, a fines de los años 90, se centran en capturar la belleza natural de una manera verista. Suelen ser serenas y contemplativas, prima la quietud, la belleza del entorno y el sobrecogimiento. Obras como Paisaje I y Paisaje II (1998-1999) recuerdan a Domingo Ramos en la variedad cromática, la técnica firme y el modo de plasmar la exuberancia de la naturaleza cubana, aunque en el cuadro de Sotelo, no podamos localizar un punto exacto de nuestra geografía.
En una etapa intermedia de su carrera, el artista comienza a incorporar elementos urbanos en sus paisajes. Estas obras reflejan la interacción entre la naturaleza y la urbanización, mostrando cómo lo citadino y lo natural pueden coexistir y, a veces, entrar en conflicto. Estructuras de construcciones agazapadas debajo de su paisaje, siluetas, muros y escorzos que han sido tocados por el hombre aparecen en cuadros como Mayo XXII (2000-2001). Aunque no necesariamente representa un lugar existente, congestiona la visualidad de un país que se resiste a la modernización y resguarda lo silvestre de sus campos.
Otras piezas rozan con lo distópico y van tomando una forma abstracta pero no dejan de ser paisajísticas (Erotismo 2004-2005). La ambigüedad y la distorsión van sugiriendo ilusiones cambiantes, al tiempo que las nuevas tecnologías ejercían mayor énfasis sobre el orden de nuestras vidas, y controlaba, con particular eficiencia, muchos aspectos de la cotidianidad.

Detalle. Arrival. 2023. Óleo sobre lienzo. 130x180cm.
Para esta primera década de los años 2000, la producción artística de Sotelo se extendía al retrato, el dibujo, la abstracción, la cerámica, la poesía y discursaba sobre nuestro rol en medio del gran paisaje también humano. El desaparecido crítico Rufo Caballero advertía que: Los devotos de la paisajística de Lara pueden estar tranquilos, porque así no quede un resquicio del universo visual contemporáneo que el artista no pruebe hoy, no dejará de ser, nunca, el recio paisajista que ha sido.
La contraparte meditativa a este rasgo global hipertecnológico ocupa un lugar privilegiado en los paisajes más recientes. Como el maestro Tomás Sánchez, Sotelo practica yoga, y con esa serenidad adquirida construye un mundo armónico, atemporal, calmo. En el caso de Sánchez, les otorga un halo místico a los cuadros para meditar o bien como puerta de tránsito a otra dimensión más espiritual donde la naturaleza fluye en nosotros. Lara, por su parte, propone un espacio sobre el cuál meditar y donde somos nosotros los que transitamos por la naturaleza, dejando huellas quizás imborrables. Espacios que son estados de conciencia sobre esta urgencia que nos punza como aguijones.
Arrival es la síntesis de este viaje por la naturaleza interior de Lara Sotelo. Aquí, la tecnología no solo coexiste con el ecosistema por primera vez en toda su tradición paisajista, sino que se integra y se transforma con esta.
La película “Arrival” (2016), del mismo nombre dirigida por Denis Villeneuve, y la obra reciente de Jesús Lara Sotelo, que representa un dron cubierto de musgo y helechos, comparten varios temas y conceptos que pueden relacionarse de manera muy atractiva. Ambas exponen la interacción entre lo natural y lo artificial. La película desde la interacción entre los humanos y los alienígenas, quienes traen consigo una tecnología y un lenguaje nuevo. Esta interacción desafía asimismo la percepción de la realidad y del tiempo. La obra de Lara Sotelo muestra un dron, un símbolo de tecnología avanzada, que ha sido reclamado por la naturaleza.
En la cinta el tema central es cómo el lenguaje puede cambiar nuestra percepción del tiempo y la realidad, ya que los alienígenas introducen un lenguaje no lineal que permite a los humanos experimentar el tiempo de manera diferente. La pieza de Jesús Lara, aunque no trata directamente sobre el lenguaje, comunica visualmente la idea de que la tecnología y la naturaleza pueden fusionarse y coexistir, creando un nuevo tipo de paisaje y narrativa.
Ambas obras, aunque en medios diferentes, invitan a reflexionar sobre la relación entre lo natural y lo artificial, y cómo esta interacción puede cambiar nuestra percepción del mundo. El filme lo hace a través del lenguaje y la comunicación con seres extraterrestres, mientras que la obra de Jesús Lara Sotelo lo hace a través de la visualización de un dron cubierto de vegetación, simbolizando la integración de la tecnología en el entorno natural. Sin obviar su crecimiento en otras manifestaciones, Arrival es, sin dudas, signo de la evolución creativa de Jesús Lara en el género.






