«El estilo es el hombre». Buffon.
He seguido siempre, de alguna manera, la trayectoria plástica de Jesús Lara, su finisecular ascensión a sí mismo, el ejercicio de la libertad sin nombre, diferente, sin escalones, surgida de la nada común, como la eyaculación del desarraigo, el aferramiento o la imposición de una realidad huérfana, forjada al filo de barrios marginales, asmáticos, que casi bordean el precipicio de la locura y puedo decir que se ha recuperado y que incluso ha logrado vivir aferrándose a la tabla de salvación de sí mismo.
Su eclosión visceral del no lejano antaño la depuraba en el entonces Taller Provincial de Diseño de San Lázaro 351, que como una suerte de dios protegía a los humildes, a los débiles…, pero fuertes de espíritu.
Sus composiciones de esa etapa iniciática, profusas en facturas, constituían verdaderas introducciones hirientes de un medio que había que punzar, violar, dejarle el semen dentro, y desnudar a su vez las realidades interiores, para poder conquistar un lugar para la cordura y el orden en el caos familiar de las consignas, que amenazaban con sucumbir, frente a su urgencia de engendrar la semilla, su propia simiente.
La Peña El Gran Vidrio, homenaje al inmortal Marcel Duchamp, integrada por quienes frecuentábamos ese mágico espacio citadino armado dentro del ya aludido Taller, próximo al Malecón habanero, El filo del poliedro -la primera muestra allí surgida- el fantasma de Lezama y los buches de ron barato les dieron albergue a esa caparazón que se formaba, a esa hirviente prominencia de tentáculos, espinas, testículos y licuaciones que respondían al nombre de Jesús Lara.

The goat always throws the mountain. 2004. Sui Genesis Series. Oil on canvas. 80cm x 100cm
Moscú, que alternativamente me alejaba o me acercaba a su anunciación, me permitió ser testigo del nacimiento de su discurso plástico; discurso que, como era de esperarse en alguien como él, totalmente ajeno a retoricismos académicos y a coqueteos con el mercado, forjado en la fragua de su soledad amenazante en su folklórico barrio de Cayo Hueso (verdadero “hueso”, duro de roer), con vestigios del machismo ancestral, sin dudas cuna del sincretismo y la amalgama del fenómeno nuestro de la negritud.
Allí, en ese ambiente hiriente de gritos, entre miradas ciegas, buenas y malas, auténticas y simuladas, entre ojos videntes de la razón y el entendimiento humanos, sin posturas diletantes ni acomodos narcisistas, ni retorcidos discursos amanerados y oportunistas, Lara estaba necesitado del brazo fuerte, de la verdad pura, sin distancias, de lo homónimo, del espejo donde ver su propia imagen también, llena de fibras vitales, y en la que el eje estaba compuesto por su propia realidad vital personal, y no por las corrientes externas, ajenas a los círculos intelectuales.
Su posición “otra”, apuntalada en los salones del polvo del Taller, en la humedad salitrosa de las tertulias literarias y las musas compartidas, la vecindad de Osmel y la mía misma, de La Belle Epoque, como una isla dentro de otra isla, el santuario o templo erigido a la verdad y a la desnudez del alma.
El diáfano y puro aire de Moscú, que a veces se filtraba también, propiciaba esas citas, nuestra hermana de un destino común. Y justamente ahora, cuando regreso nuevamente de la distancia, puedo ratificar que Jesús Lara no ha abandonado su verdad interior, sino que solamente la ha impregnado de los afeites del paisaje onírico que es él mismo, que lo diluye o abandona, como lo hace ahora, para entregarse a sus regodeos creativos. Lara no traiciona ni se auto-traiciona, no abandona su verdad personal.

Counterpoint. 2004. Sui Genesis Series. Oil on canvas. 80cm x 120cm
Nacida su obra toda de su propia realidad telúrica, rica en texturas, confesiones íntimas, azules matizados, naranjas y rojos, ora hirientes, ora apagados, siempre el contraste tonal, lumínico, de la sombra y la luz, como contrastes en su obra, el juego de contrarios: lo claro y lo oscuro, el paso o convivencia de la tiniebla y la claridad, de esta isla en eclosión, de este nacimiento diario, sin probetas de gestación real de su germen.
Lara todo lo quiere abarcar, como un infante, no desecha nada, ausculta esa realidad hasta sus entrañas, amante de los volúmenes y de las texturas que lo han conducido a sus cerámicas y objetos. Lara sabe rápido y tenaz recuperar a tiempo el terreno vedado, aparecer, sin avisos, reclamar su presencia, compartir sin sonrojos los espacios frecuentados por los consagrados.
En su amalgama telúrica, Lara no se cuela, sino que entra por la puerta común y en su diáfana visión ignora las jerarquías y así enriquece el panorama cultural, amén de que los dioses lo acompañen, porque él también es semilla nuestra común que exige el espacio que todos compartimos.
Desde mi punto de vista, puedo afirmar -sin temor a equivocarme- que Jesús Lara está demasiado convencido de sí mismo, demasiado seguro de lo que hace, para transitar por caminos ajenos y trillados, y prefiere -como el filósofo francés Jean Paul Sartre lo aconsejaba- “equivocarse acertando”. Y en ese sentido, debo confesar que para mí ha sido un verdadero redescubrimiento, recién llegado del gélido Moscú, con su esplendor bizantino y las solemnes ceremonias en los templos rusos, en comunión con los dioses eslavos, este reencuentro con el repertorio plástico del artista en esa suerte de retorno a la semilla.

Broken promise. 2004. Sui Genesis Series. Oil on canvas. 100cm x 150cm
Según lo recuerdo, Lara no apeló nunca -en sus composiciones anteriores- al discurso folclorista, ni mucho menos al entorno del paisaje, ya que en él siempre estaba presente la voluntad de plasmar lo inefable, lo intangible y de obviar lo circundante y construirse un universo plástico propio, bien suyo, hecho a su imagen y semejanza, a partir de sensaciones empáticas, como una especie de revelación de sus propias urgencias psicofísicas, emocionales y espirituales, en las que tanto el sexo como los conflictos de la marginación, la violencia y la sordidez de un mundo kafkiano, que le exigía una metamorfosis radical, encontraban un lugar dentro de su obra, y a la vez sus visiones neoexpresionistas hallaban descanso en la lucidez del sosiego.
La urgencia de darles forma a sus imágenes y crear universos plásticos lo han hecho aferrarse a todo lo necesario y conjugar en una argamasa difusa posturas disímiles heredadas del arte povera, action paint y del arte objeto, con apoyo en sus propios textos literarios. Lo importante para él ahora es no detener el fluir de su creación, volcar las superficies y formas volumétricas, su energía cinestésica, trasladarla a la tela y mostrar su gran potencial artístico.
No hay nada premeditado en su quehacer, sino una fuerza espontánea que le hace experimentar con materiales no convencionales, como selladores de construcción, yeso, leche materna, betún de calzado, etcétera. El gotea, mancha, raya: el motivo no parece ser lo fundamental, sino el hecho mismo de la gestación del proceso creativo.
Así, se divierte llenando las superficies y así también se generan sus protopaisajes, enérgicos, regiamente concebidos a su forma, constelaciones, islas, raíces. El ausculta la simiente y participa a la vez del parto. Su mirada es desde adentro, desde el eje, por eso su proliferación de escorzos.

After hitting bottom. 2006. Sui Generis series. Oil on canvas. 88cm x 180cm
La obra primigenia de Lara estaba saturada de un universo visual integrado por figuras amorfas, tentáculos espinosos, amebas en constelaciones celulares, elementos que tanteaban, buscaban ciegamente la luz, la salida a su conflicto formal. En todo caso, tengo que decir que Lara nunca apeló a las imágenes figurativas preexistentes, pues su mundo plástico permanecía completamente ajeno, sin referencias al fenómeno plástico circundante, justamente porque él buscaba dentro de sí mismo, no fuera, y como buen autodidacta, se hallaba privado de las nexitudes y vínculos, del complejo de apego a la herencia cultural, a la senda trazada.
Por eso, su obra -sin apuntar a tendencias específicas- atraviesa un camino sin direcciones preestablecidas y apela al impacto visual, porque está hecha de grandes dimensiones, rica en facturas y calidades espirituales.






