Confesión del alma que quiso aniquilar al hombre imperturbable
Lo quise pequeño, y se volvió universo. Lo quise mío, y se volvió símbolo. Lo deseé débil, y se volvió leyenda.
Lo quise pequeño, y se volvió universo. Lo quise mío, y se volvió símbolo. Lo deseé débil, y se volvió leyenda.
Jesús Lara Sotelo es, sin lugar a dudas, una suerte de cosmos en el que se dan cita todas las extrañezas de este y de otros mundos.
No sé cuándo me di cuenta de lo ridículo que es seguir esperando. Quizá fue una noche cualquiera, viendo la pantalla del teléfono encenderse con notificaciones que no eran las que yo quería. Quizás fue al descubrirme mirando por la ventana como si de verdad alguien pudiera aparecer ahí, solo por el gusto de probar mi fe.
Me cuesta no comprar amor. Me cuesta no intentar regatearlo en las esquinas de las miradas ajenas, no prometer más de lo que tengo solo para que alguien finja que me quiere diez minutos más.